En nuestra Unidad
correspondiente a Familia, tocamos el tema referido a “Parentesco”, pues este
aspecto relaciona a los miembros de la familia no solo con un vínculo consanguíneo,
sino también de afinidad; lo que nos permite entrever que en este tema también existe
una influencia cultural y sociológica.
A continuación estimados
participantes, he seleccionado un artículo interesante que refiere una breve
historia del PARENTESCO y dos enfoques que sustentan esta teoría.
BREVE HISTORIA DE LA ANTROPOLOGÍA DEL PARENTESCO
Orígenes
El parentesco apareció
como uno de los primeros temas de la antropología evolucionista de la segunda
mitad del siglo XIX. En un tiempo
en que la antropología aparecía más como un entretenimiento, asociado al
coleccionismo de antigüedades y objetos de culturas exóticas, es sintomático
que casi todos los primeros interesados en el estudio sistemático de las
culturas de los pueblos considerados en ese tiempo como "salvajes" hayan
sido abogados de profesión, y que una de sus principales materias de estudio la
constituyera precisamente el parentesco. El interés de personajes como J. F. McLennan o Johann Jakob
Bachofen en el parentesco de sociedades antiguas —principalmente la romana y la griega— radicaba en sus
intenciones de encontrar los orígenes de las reglas europeas de parentesco que
determinaban, entre otros asuntos, el derecho a la herencia o a
la sucesión.
Precisamente es la
obra de estos dos autores la que marca el inicio de los estudios de parentesco.
En su libro Mutterecht (El derecho materno), Bachofen
—de nacionalidad suiza— expone su hipótesis sobre el matriarcado como la forma
original de la organización en las sociedades primitivas. La base de su
argumentación la constituía el conjunto de mitos antiguos en los que las mujeres aparecían como
las figuras de autoridad —ejemplo de ello era el mito de las amazonas—. De acuerdo
con Bachofen, el parentesco en las sociedades primitivas se fijaba a través de la madre, ya que la
promiscuidad sexual de los seres humanos en estado salvaje habría impedido que
los hombres reconocieran a sus propios hijos. Como corolario de lo anterior,
las mujeres poseían también el monopolio del poder político, lo que dio lugar a
una ginecocracia o gobierno de las mujeres. Hay que
aclarar que la existencia del matriarcado no fue probada nunca, y que su empleo
en el habla cotidiana para referirse a contextos sociales donde hay predominio
femenino es erróneo desde el punto de vista de la antropología. La
existencia del matriarcado fue puesta en duda por autores contemporáneos de
Bachofen, como Maine, para quien el matriarcado era sólo resultado de un
error interpretativo de los mitos.
Por su parte, el
británico John Ferguson
McLennan, desconociendo la obra de Bachofen que sirvió de punto de partida para
numerosas investigaciones etnológicas sobre el parentesco, publicó cinco años
más tarde su propia propuesta, que en algunos puntos parecía coincidir con la
de Bachofen. En El matrimonio primitivo, McLennan argumentaba que
las formas anteriores de organización parental podían ser descubiertas mediante
la observación de ciertos ritos de los pueblos primitivos, entre
ellos, el rapto de la novia. La existencia de esta práctica en varios pueblos era explicada por
McLennan como una supervivencia de tiempos remotos en los que
el infanticidio femenino era una práctica generalizada, lo que redundaba en un número reducido
de mujeres disponibles para los hombres maduros. Esto habría generado la
aparición de la poliandria como la
primera forma de organizar las relaciones de parentesco entre los seres
humanos.
Propuesta de
Morgan
Lewis H. Morgan, al igual que
Bachofen, Maine y McLennan, también era abogado y desde joven se interesó por
los Iroqueses y su
cultura, al grado que participó en una sociedad que emulaba la organización
social de ese pueblo de los Grandes lagos y una de sus
obras más conocidas trata de la organización política de las tribus
pertenecientes a ese pueblo. Precisamente su contacto con los indígenas
de EEUU le hizo notar algunas peculiaridades lingüísticas de los iroqueses en
lo que toca a los términos de parentesco: había categorías que los occidentales
como él distinguían que no podían ser traducidas de los idiomas indígenas.
Posteriormente, tras uno de los primeros intentos de etnografía en campo que se
hayan realizado en la historia de la antropología, Morgan recabó información
sobre numerosos sistemas de nomenclatura del parentesco alrededor del mundo, que finalmente le
condujeron a plantear una hipótesis explicativa de la diversidad lingüística en
el paradigma de las
relaciones parentales.
La obra clave de
Morgan en el campo del parentesco es Systems of Consanguinity and
Affinity of the Human Family (Sistemas de consanguinidad y afinidad
de la familia humana, publicado en 1871), en el que expone sus principales
aportaciones al campo de los estudios de parentesco, que constituyen la piedra
base del desarrollo posterior, a pesar de los errores interpretativos que han
sido señalados por varios críticos de su obra. En Sistemas de
consanguinidad, Morgan da cuenta de los seis principales tipos de
nomenclatura del parentesco, a los que él define como descriptivos —las
familias ariana, semítica y urálica— y clasificatorios —los
tipos malayo, turanio y ganowaniano—
Para Morgan, los
sistemas que llamó descriptivos correspondían a sociedades
desarrolladas, en tanto que los clasificatorios correspondían a las sociedades
primitivas o bárbaras. De esta manera, un sistema de parentesco como el malayo
(correspondiente en la actualidad al sistema hawaiano) estaría relacionado
con la familia consanguínea; los sistemas iroquès turanio y
ganowaniano están relacionados en la hipótesis de Morgan con la llamada familia punalùa, característica del
período inferior de barbarie, donde un hombre estaría casado con varias mujeres
que no pertenecían a su grupo, y viceversa; otro ejemplo es el que corresponde
a la relación a entre la familia monogàmica y el sistema esquimal de parentesco, que Morgan vinculó
al surgimiento de las sociedades patriarcales en la civilización antigua. Aunque
los sistemas definidos por Morgan continúan en vigencia en la antropología del
parentesco con nombres distintos, tanto la idea de que existen sistemas
clasificatorios y descriptivos como la asociación de estos tipos con ciertos
estadios del desarrollo humano han sido desechados.
La influencia de
Morgan no alcanzó sólo a los antropólogos. Federico Engels realizó una
interpretación de la propuesta de Morgan en "El origen de la familia, la propiedad privada y el estado"; y el marxismo mismo refleja
la tendencia materialista de su trabajo. En Ancient Society (La sociedad antigua), Morgan propone una hipótesis sobre la evolución de
los modos de organización social que se asocia a la evolución de las
tecnologías y moe subsistencia, similar a la que es común en la teoría
marxista.
Consolidación
de la antropología del parentesco familiar
Los trabajos de
Morgan fueron una base importante para el desarrollo de la teoría antropológica
del parentesco durante la primera mitad del siglo XX. En buena medida, los
problemas que interesaban a los investigadores eran las implicaciones jurídicas
y políticas de las redes de parentesco en sociedades no occidentales. Sin
embargo, los puntos centrales de la teoría de Morgan —y con ella, la del resto
de los antropólogos evolucionistas— fueron puestos en tela de juicio con el
desarrollo de los paradigmas relativistas y funcionalistas en Europa y Estados
Unidos durante las primeras décadas del siglo XX. De esta suerte, Franz Boas descalificó el
método de investigación de Morgan y su tendencia a buscar leyes universales.
Para Boas, el conocimiento etnográfico sobre otros pueblos no era suficiente
como para aventurarse a la formulación de leyes unificadoras en las que la
diversidad cultural no tenía cabida; además, Boas desarmó la asociación entre
los períodos étnicos de Morgan y la tecnología y los tipos de
organización social (incluidos los tipos de familia), señalando que todos los
elementos que componen una cultura deben ser entendidos en su contexto cultural
y no como parte de una cadena unívoca de sucesiones de estadios evolutivos de
la humanidad (Boas, 1964: capítulo 4).
Por otra parte, en
Europa, las tendencias principales de la sociología y la antropología social intentaban explicar las instituciones sociales por medio de su función social. Un ejemplo clásico
del tratamiento del parentesco desde una mirada funcionalista lo constituyó el
trabajo de Émile Durkheim. En "El suicidio" (1997: libro
segundo, cap. III), Durkheim señala que una de las funciones de la familia es
proporcionar un ambiente de primera socialización de las personas. Para
Durkheim, los lazos de parentesco se modificaban de acuerdo con otras
condiciones de la vida, y atribuía al debilitamiento de la función de la
familia el aumento de las tasas de suicidios en sociedades industrializadas.
Además, Durkheim sentó las bases de la posterior teoría estructuralista
de Claude
Lévi-Strauss sobre la prohibición del incesto. Para Durkheim, esta
prohibición es una consecuencia de la aplicación de las leyes exogàmicas que obligan a
las personas de un clan a casarse con miembros de otros clanes; amén de la
identificación entre el clan y
el tòtem, cuyas relaciones se
reflejarían en la prohibición del incesto en los sistemas de parentesco de los
aborígenes australianos.
Años más tarde, Bronislaw
Malinowski realizaría sus propias investigaciones
etnográficas sobre el parentesco entre los habitantes de las islas Trobriand, al oriente de Nueva Guinea. Malinowski
pretendía encontrar que el modelo universal de familia era el de la familia nuclear, aunque este tipo de
organización no apareciera claramente en varios pueblos. De esta manera, según
Lévi-Strauss, lo que Malinowski —y otros antropólogos sociales británicos que
lo sucedieron— hizo fue desechar la importancia de la indagación en los sistemas terminológicos de parentesco, que habían sido
de vital importancia en las indagaciones de los antropólogos evolucionistas
como Morgan (Lévi-Strauss, 1981). Para los antropólogos británicos de la
primera mitad del siglo XX, el interés de los estudios de parentesco radicaba
en la función de estos en el sistema social de las sociedades, de modo que
otras implicaciones de esta esfera de la sociedad, especialmente las
relacionadas con la dimensión simbólica de los términos con los que las
personas se refieren a sus parientes en diversos pueblos, casi eras pasadas por
alto por los antropòlogos estructural-funcionalistas.
Dos teorías
La mayor parte de la
producción antropológica moderna en torno al parentesco está dominada por dos
grandes enfoques. Se trata de la teoría de la filiación y la teoría de la alianza, cada una con sus particulares intereses teóricos y con propuestas
divergentes de interpretación de las relaciones de parentesco.
Teoría de la filiación
El desarrollo de la
teoría de la filiación —llamada en inglés descent theory, por lo
que en ocasiones se traduce erróneamente el término al español como teoría de
la descendencia— se debe ante todo a los antropólogos sociales británicos que
desarrollaron su trabajo a la luz del paradigma del funcionalismo estructural. Este
paradigma tiene raíces profundas en la tradición sociológica de Émile Durkheim, con la que
comparte, entre otras características, el tratamiento de los fenómenos sociales
como cosas, la metáfora de la sociedad como un organismo coherente
y la intención de descubrir las leyes del funcionamiento de las sociedades
humanas. Entre los principales modeladores del paradigma estructural-funcionalista
se encuentran Alfred Reginald Radcliffe-Brown, Edward Evan
Evans-Pritchard, Meyer Fortes y otros más,
enfocados especialmente en las sociedades que habitaban los territorios
africanos bajo el dominio de Gran Bretaña.
La teoría de la
filiación tiene en Radcliffe-Broown uno de sus principales artífices. De
acuerdo con este autor, un sistema de parentesco —que de
acuerdo con él es un término que se debe emplear como abraviación de sistema
de parentesco y matrimonio, o parentesco y afinidad (Radcliffe-Brown, 1972:
65)— puede ser definido como una red de relaciones sociales de tipo
definido que constituyen parte de toda la red de relaciones sociales que
llamo estructura social (1972: 67). Para Radcliffe-Brown, como para otros
antropólogos que estudiaron el parentesco a la luz de paradigma de la
filiación, el corazón de los sistemas de parentesco lo constituye la familia
elemental. Esta familia elemental no es otra que la familia nuclear característica
de las sociedades europeas modernas, es decir, el conjunto de personas formada
por un matrimonio y sus descendientes. Como queda claro en su ensayo sobre
las relaciones jocosas entre ego y el
hermano de la madre (1972: 107-122), para este antropólogo británico el interés
del estudio del parentesco radicaba en la posibilidad de descifrar los códigos
sociales que subyacen en las relaciones entre parientes. Pero además, la teoría
de la filiación se muestra como un enfoque poco interesado en la explicación
histórica de los fenómenos sociales. Ante todo, está interesada en
poner en relieve la estructura de relaciones en una sociedad durante un momento
dado, por lo que necesariamente representa a los sistemas estudiados fuera de
cualquier contexto histórico.
En su intento por
explicar la estabilidad de las sociedades africanas sin estado, primitivas para
Radcliffe-Brown (1974), donde realizaron su trabajo de campo; Evans-Pritchard y
Fortes (1994) sostenían que los nuer y los tallensi estaban
organizados principalmente a través de grupos de filiación unilineal. Estos grupos
funcionaban como grupos corporativos, lo que significa que eran
grupos estables con reglas claras de funcionamiento y una estructura interna
capaz de regular las relaciones entre los miembros mediante la asignación de
atribuciones —derechos y obligaciones— a cada uno de ellos, de acuerdo con la
posición que ocupaban en la red estructural.
Los grupos
corporativos a los que referían Evans-Pritchard y Fortes se caracterizan porque
sus miembros comparten objetivos comunes, como la administración de los bienes
del grupo y la defensa ante embates de los enemigos. La estabilidad de los
grupos corporativos organizados en torno al parentesco, de acuerdo con estos
antropólogos, perduraba más allá de la muerte de los miembros del grupo y se
reproducía de generación en generación. En este contexto africano, las
divisiones territoriales de los pueblos estaban relacionadas con linajes, haciendo de los
lazos "de sangre" y el derecho derivado del nacimiento en un
territorio las dos caras de una misma moneda. (Kuper, 1988: 195). Los lazos
de afinidad entre los
parientes que no forman parte del mismo grupo de filiación fueron considerados
por los antropólogos estructural-funcionalistas como cuestiones accesorias
—Fortes, por ejemplo, creó el concepto de filiación complementaria.
Teoría de la
alianza
En contraste con la propuesta de los africanistas británicos, la teoría
de la alianza pone un especial énfasis en las relaciones sociales que se
construyen en torno al matrimonio. La propuesta fue desarrollada ampliamente por Claude Lévi-Strauss, etnólogo francès cuya obra las estructuras elementales parentesco forma una de las piedras angulares del
paradigma estructuralista de la antropología.
La teoría de la alianza se diferencia en varios aspectos a la teoría de
la filiación. En primer lugar porque no pretende descubrir el funcionamiento
social de los lazos de parentesco, aunque éstos no quedan necesariamente
excluidos en el análisis de un sistema. Por otra parte, vuelve su atención a
los sistemas terminológicos del parentesco, que habían sido minimizados por los
antropólogos de la teoría de la filiación. De acuerdo con la teoría de la
alianza, en las terminologías del parentesco se encuentran codificadas
esencialmente las categorías que una sociedad considera incestuosas,
y por lo tanto, permiten regular la distribución
de parejas, o en otras palabras, quién
puede o debe emparejarse con quién (Buchler,
1982: 11); de donde puede entenderse el interés que el paradigma de la alianza
tiene en la prohibición del incesto y el
llamado tomo del parentesco, nacido de la
alianza entre un hombre que cede los derechos sobre sus hermanas y el hombre
que recibe estos derechos mediante la realización del matrimonio.
En efecto, el funcionamiento social del parentesco no constituye para
los estructuralistas el nodo de los sistemas de nomenclatura del parentesco.
Lévi-Strauss afirmó que el sistema
de parentesco, en tanto que concepto, encubre dos dimensiones de las
relaciones parentales.
El
parentesco no se expresa solamente en una nomenclatura: los individuos o las
clases de individuos que utilizan los términos se sienten (o no se sienten,
según los casos) obligados a una determinada conducta recíproca [...] Así,
entonces, junto a lo que nosotros proponemos llamar el 'sistema de
denominaciones' (que constituye, en rigor, un sistema de vocabulario), hay otro
de naturaleza igualmente psicológica y social, que llamaremos 'sistema de las
actitudes' (Lévi-Strauss, 1977: 33).
El sistema de las actitudes —como llamaba Lévi-Strauss al conjunto de
prescripciones sobre los deberes, obligaciones y la forma de conducirse entre
parientes que tanto interesaba a los funcionalistas estructurales como
Radcliffe-Brown— no es, desde la perspectiva de la teoría de la alianza, un
reflejo del sistema de denominaciones, ni tampoco ocurre lo contrario. La
relación entre ambas dimensiones del parentesco es innegable, como reconoce
Lévi-Strauss (1977: 37), pero esta relación no es una correspondencia término a
término: desde su punto de vista, los términos del parentesco no
constituyen una realidad únicamente analítica y teórica, sino que forman parte
del modo en que cada sociedad vive las relaciones de parentesco. Por tanto,
estos vínculos entre las personas y los grupos son considerados como mensajes o sistemas de símbolos (Lévi-Strauss, 1977: 49) que pueden
ser decodificados e interpretados hasta en sus consecuencias más profundas.
La existencia de los sistemas de parentesco no es resultado de las
relaciones biológicas entre los sujetos. Por lo tanto, los estructuralistas
rechazan las relaciones de filiación como el núcleo de las relaciones
parentales, desechando así la propuesta teórica de los funcionalistas para los
que la familia elemental —madre, padre y descendencia— es el
nodo a partir del cual se teje la trama del parentesco en cada sociedad. Este
lugar lo ocupa la relación de alianza que se establece mediante el matrimonio.
Pero esta alianza no es un pacto entre dos personas: se trata de un pacto entre
los grupos de los que provienen los contrayentes porque el rasgo principal del parentesco
humano consiste en requerir, como condición necesaria de existencia, la
relación entre lo que Radcliffe-Brown llama 'familia elemental' (Lévi-Strauss, 1977: 49).
El énfasis de la teoría de la alianza en la prohibición del incesto —a
la que se considera universal, incluso si la regla es violada en algunos casos
(Héritier, 1994: cap. 1) aparece en numerosos tratados elaborados a la luz de
este enfoque teórico. En Masculino, Françoise Héritier introduce la cuestión del intercambio
de mujeres entre dos grupos, que presupone su subordinación inherente en todas las sociedades en
aparente contradicción con el valioso papel de la mujer como reproductora de
la sociedad. En otro texto de esta autora francesa, Deux soeurs
et leur mère, Françoise Héritier (1994) introduce un incesto de tercer
tipo, que implica una regla casi universal que impide a las mujeres de un mismo
grupo de filiación compartir el mismo marido. Otros autores, como Louis Dumont abordan
la cuestión del matrimonio también como una institución que permite el
establecimiento de relaciones solidarias. Entre los pocos antropólogos formados
en el paradigma estructural-funcionalista que dominó la antropología en el
Reino que luego adoptaron la
teoría estructuralista, Edmund Leach (1954)
desarrolló su estudio sobre el matrimonio entre loskachin bajo la premisa de que existen
sociedades que construyen sus sistemas de parentesco en torno a la filiación,
mientras que otros, como los habitantes de Asia sudoriental, lo hacían en torno al
matrimonio, por lo que los enfoques teóricos no necesariamente podían ser
aplicados en todos los casos.
El parentesco es considerado
por los antropólogos como un lazo social en el que las relaciones biológicas
entre dos personas no necesariamente son relevantes para la adscripción a una
parentela. Desde una base constituida por innumerables investigaciones etnográficas en centenares
de sociedades, las teorías antropológicas coinciden en que no todas las
sociedades conocen la existencia de la consanguinidad biológica, en el sentido
que se entiende en Occidente. En otras palabras, existen algunos pueblos para
los que la concepción de un nuevo ser no tiene qué ver en lo absoluto con la
cópula. Por otra parte, existen casos en los que, conociendo el vínculo entre
el acto sexual y
la concepción, se considera
que la procreación de un nuevo miembro de la parentela se debe principal o
exclusivamente, al génitor o a la génitrix.
La adscripción social
de un individuo a un grupo de parientes es formulada de acuerdo con las reglas
sociales. De acuerdo con el sistema de parentesco que prime en
una sociedad determinada, un recién nacido es considerado parte del linaje del padre (en cuyo caso se habla de patrillinaje), de la madre
(matrillinaje) o en casos
muy específicos, se reconoce la pertenencia a ambos grupos de descendencia.
Desde el punto de vista de la ciencia occidental, esto puede parecer
contradictorio, pero debe recordarse que la definición del parentesco es un
asunto cultural, no biológico. Existen algunas sociedades, como la occidental,
donde una persona es reconocida socialmente como pariente de los familiares de
la madre y del padre; en estos casos, hablar de linajes carece de cualquier
sentido.