Charles
Robert Darwin (1809 – 1882) fue un naturalista inglés cuyos descubrimientos científicos revolucionaron las
investigaciones de la época. El postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo
a partir de un antepasado común mediante
un proceso denominado SELECCION NATURAL. La
evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica y por
buena parte del público en vida de Darwin, mientras que su teoría de la evolución mediante selección natural no fue
considerada como la explicación primaria del proceso evolutivo hasta los años 1930. Actualmente constituye la base de la síntesis evolutiva modena. A continuación, estimados alumnos, he seleccionado un
artículo interesante que resume lo importante de la teoría de este importante
científico Inglés
DARWIN Y SU TEORÍA DEL
ORIGEN DE LA ESPECIE HUMANA O EVOLUCIÓN DEL HOMBRE
La evolución es el proceso por el que una especie cambia
con el de las generaciones. Dado que se lleva a cabo de manera muy lenta han de
sucederse muchas generaciones antes de que empiece a hacerse evidente alguna
variación
Desde la antigüedad, el modo de originarse la vida y la
aparición de la gran variedad de organismos conocidos, constituyó un misterio
que, en menor o mayor medida, despertó curiosidad de los científicos.
Sin embargo, las supersticiones, los prejuicios, los
dogmas religiosos y las teorías que se aventuraban debido a la imposibilidad de
probarlas con el nivel de conocimiento de aquellas épocas, hicieron que la
cuestión quedara a menudo en el olvido o que, simplemente, se aceptara la
imposibilidad de averiguar los orígenes.
No fue hasta épocas relativamente recientes cuando el
hombre pudo finalmente abordar esta cuestión con unos criterios fiables y unos
conocimientos científicos suficientes para demostrar sus hipótesis.
Es así como podemos afirmar, que antes del siglo
XIX existieron diversas hipótesis que intentaban explicar justamente esta
cuestión, “el origen de la vida sobre la Tierra”. Las teorías creacionistas que hacían
referencia a un hecho puntual de la creación divina; y por otra parte, las
teorías de la generación espontánea que defendían que la aparición de los vivos
se producía de manera natural, a partir de la materia inerte.
Una primera aportación científica sobre el tema es el
trabajo de Oparin (1924), El origen de la vida sobre la
Tierra, donde el bioquímico y biólogo ruso propone una explicación, vigente
aún hoy, de la manera natural en que de la materia surgieron las primeras
formas pre-biológicas y, posteriormente el resto de los seres vivos. En segundo
aspecto de la generación espontánea de la vida tiene una respuesta
convincente desde mediados del siglo XIX.
Esto es así, gracias a Pasteur y fundamentalmente a
Darwin quienes realizaron experimentos al respecto. Este último, naturalista
británico realizó una obra de vital trascendencia (1859): El origen de las especies. La
cual tiene por objetivo aportar una explicación científica sobre la evolución o
denominada “descendencia con modificación”(término utilizado para
explicar estos fenómenos).
Sin lugar a dudas que existieron importantes antecedentes
del tema, aunque siempre se manifiesta el honor de haber realizado esta teoría
de manera científica e inexorable, a Charles Darwin. No muy lejos, fue su
abuelo –Erasmo Darwin- quien aportó las primeras muestras de interés científico
por estos temas. No obstante, quien fue precursor de una corriente de
pensamiento sobre el estudio de la evolución de los seres vivos, es Jean
Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829).
Su tesis fundamental es
la transmisión de los caracteres adquiridos como origen de la evolución (es decir, que las características que
un individuo adquiere en su interacción con el medio se transmiten después a su
descendencia); denominada este principio como Lamarckismo. La causa de las modificaciones de
dichos caracteres se encuentra en el uso o no de los diversos órganos, tesis
que se resume en la siguiente frase: «La función crea el órgano». Lamarck
resume sus ideas en Filosofía zoológica (1809), el primer trabajo científico
donde se expone de manera clara y razonada una teoría sobre la evolución. Así,
por ejemplo, los lamarckistas explicaban la aparición del cuello largo en las
jirafas como un proceso paulatino de adaptación de un animal a ir comiendo hojas
situadas cada vez más altas. Lo que supondría que sus hijos heredarían un
cuello más largo aún.
En lo que respecta al científico británico, Charles
Darwin, viajando a bordo del Beagle,
durante largos años (1831- 1836) recogió datos botánicos, zoológicos y
geológicos que le permitieron establecer un conjunto de hipótesis que
cuestionaban las ideas precedentes sobre la generación espontánea de la vida.
La diversidad observada durante esos veinte años
siguientes se intentó explicar de manera coherente mediante la formulación de
los datos obtenidos. Una de las etapas que más influyó en el fue su paso por
las islas
Galápagos, donde encontró 14
subespecies distintas de pinzones, que se diferencian únicamente en la forma
del pico. Es decir, que cada una de ellas, estaba adaptada a un tipo de
alimentación y vivía en un hábitat diferente en las diversas islas.
Sin embargo, en 1858, Darwin se vio obligado a presentar
sus trabajos, cuando recibió el manuscrito de un joven naturalista, Alfred
Russel Wallace (1823/1913), que había llegado de manera independiente a
las mismas conclusiones que él, es decir, a la idea de la evolución por medio
de la selección natural.
La obra de Malthus sobre el crecimiento de la población,
fue la base que habría tomado para sus estudios, tanto Darwin como Wallace. La
misma establece que este factor (crecimiento de la población) tiende a ser muy
elevado, la cual al disponibilidad de alimento y espacio son limitados lo
mantendrá constantes, de aquí surge esta proposición de la idea de competencia.
Ambos científicos de acuerdo a esta base argumental sustentan sus teorías
estableciendo dos aspectos relevantes, dando por sentado que los seres vivos
pueden presentar clones.
Justamente la noción de competencia establecida
anteriormente por Malthus y finalmente esta última idea, es lo que los lleva a establecer
que estas variaciones pueden ser ventajosas o no en el marco de dicha
competencia. Entonces la conquista por los recursos necesarios para la vida,
dará como resultado una lucha que determinará una selección natural la cual favorecerá a los individuos
con variaciones ventajosas y eliminará a los menos eficaces. Pese a ello, no
todo es compartido por ambos, ya que existe un punto discordante entre ellos. Y
es que esta idea de Darwin de selección natural expresada en su obra El origen
del hombre (1871), nunca fue compartida por Wallace.
Al respeto, Darwin argumenta que algunos caracteres son
preservados sólo porque permiten a los machos mayor eficacia en relación con
las hembras. Pero cabe decir, que ciento cincuenta años después, hay quienes
aún lo veneran y quienes lo deploran, pero El
Origen de las especies sigue
aún ejerciendo una influencia extraordinaria.
Desarrollo
de la teoría de la evolución
A finales del siglo XIX, el llamado neodarvinismo
primitivo, que se basa en el principio de la selección natural como base de la
evolución, encuentra en el biólogo alemán A. Weismann uno de sus principales
exponentes. Esta hipótesis admite que las variaciones sobre las que actúa la
selección se transmiten según las teorías de la herencia enunciadas porMendel, elemento que no pudo ser resuelto Darwin, pues en su
época aún no se conocían las ideas del religioso austriaco.
Durante el siglo XX, desde 1930 a 1950, se desarrolla la
teoría neodarwinista moderna o teoría sintética,: denominada así porque surge a
partir de la fusión de tres disciplinas diferentes: la genética, la sistemática y la
paleontología. La creación de esta corriente viene marcada por la aparición
de tres obra. La primera, relativa a los aspectos genéticos de la herencia, es Genetics and the origin of species (1937). Su autor, T. H. Dobzhansky,
plantea que las variaciones genéticas implicadas en la evolución son
esencialmente mínimas y heredables, de acuerdo con las teorías de Mendel.
El cambio que se
introduce, y que coincide posteriormente con las aportaciones de otras
disciplinas científicas, es a consideración de los seres vivos no como formas
aisladas, sino como partícipes de una población. Esto implica entender los
cambios como frecuencia génica de los alelos que determinan un carácter
concreto. Si esta frecuencia es muy alta en lo que se refiere a la población,
esto puede suponer la creación de una nueva especie.
Más adelante, E. Mayr desarrollará en sus obras Systematics and the origin of the
species (1942) y Animal species evolution (1963) dos conceptos muy importantes:
por un lado, el concepto biológico de especie; por otra parte, Mayr plantea que
la variación geográfica y las condiciones ambientales pueden llevar a la
formación de nuevas especies. De este modo, se pueden originar dos especies
distintas como consecuencia del aislamiento geográfico, o lo que es lo mismo,
dando lugar, cuando intentamos el cruzamiento de dos individuos de cada una de
estas poblaciones, a un descendiente no fértil. Atendiendo a las condiciones
ambientales, en consonancia con las ideas de Dobzhansky., la selección actuaría
conservando los alelos mejor adaptados a estas condiciones y eliminando los
menos adaptados. En 1944 el paleontólogo G. G. Simpson publica la tercera obra
clave para poder comprender esta corriente de pensamiento: en Tempo and mode in evolution establece la unión entre la
paleontología y la genética de poblaciones.
Durante la segunda mitad del siglo XX se han planteado
dos tendencias fundamentales, la denominada innovadora y el darvinismo
conservador. La primera de ellas, cuyo máximo exponente es M. Kimura, propone
una teoría llamada neutralista, que resta importancia al papel de la selección
natural en la evolución, dejando paso al azar. Por su parte, el neodarvinismo
conservador, representado por E. O. Wilson, R. Dawkins y R. L Trivers, queda
sustentada en el concepto de «gen egoísta»; según esta hipótesis, todo ocurre
en la evolución como si cada gen tuviera por finalidad propagarse en la
población. Por tanto, la competición no se produce entre individuos, sino entre
los aletos rivales. Así, los animales y las plantas serían simplemente
estrategias de supervivencia para los genes.
Pruebas de
la evolución
Son pruebas basadas en criterios de morfología y anatomía
comparada. Los conceptos de homología y analogía adquieren especial relevancia
para la comprensión de las pruebas anatómicas. Se entiende por estructuras
homólogas aquellas que tienen un origen común pero no cumplen necesariamente
una misma función; por el contrario, las estructuras que pueden cumplir una
misión similar pero poseen origen diferente, serían análogas. De esta manera,
las alas de los insectos y las aves serían estructuras análogas, mientras que
las extremidades anteriores de los mamíferos, que presentan un mismo origen
pero que llevan a cabo funciones diversas —locomotora, natatoria, etc.—,
constituirían estructuras homólogas.
En relación a las pruebas embriológicas, hay que
distinguir entre ontogenia —las distintas fases del desarrollo embrionario— y
filogenia, concepto que hace referencia a las distintas formas evolutivas por
las que han pasado los antecesores de un individuo, es decir, su desarrollo
evolutivo. En los vertebrados, cuanto más cerca de la fase inicial se sitúan
los embriones, más parecidos son; posteriormente, se van diferenciando
progresivamente cuanto más cerca de la fase de adulto terminal se encuentran.
Otra de las pruebas clásicas es el estudio de los
fósiles. El análisis de los distintos estratos geológicos demuestra la
presencia de fósiles de invertebrados en los más antiguos; gradualmente, van
apareciendo en los más recientes peces primitivos, y, finalmente, los fósiles
correspondientes a los mamíferos y las aves.
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